jueves, 26 de mayo de 2011

Con la palabra de Dios.


Un día de estos venía en el autobús y se subió un predicador evangélico que todavía no es famoso, pero que tiene todo el potencial para serlo.


Daniel se llamaba, "como el profeta" dijo él. En ese momento, sentí esa incomodidad que me provoca que alguien empiece con tanta devoción a citar la "palabra de Dios" que proveniente de ese libro grueso de  más de mil páginas que llamamos Biblia.


Me pregunté si Daniel sabía realmente de donde provienen todos esos escritos, del incontable número de fuentes (muchas de tradición oral) que conforman ese compendio de libros lleno de relatos de carácter moralista y que durante siglos se fueron recopilando.


Todavía más.


Me pregunté: ¿Daniel sabe cuál versión de la Biblia está leyendo? y ¿Quienes fueron los "eruditos" recopiladores que decidieron cuales relatos debían aparecer y cuales debían ser prohibidos? porque, Daniel no lo sabe, pero la Biblia ha sufrido y sigue sufriendo muchas modificaciones con el paso del tiempo. Algunos dicen que son "adaptaciones" o "perfeccionamientos" para hacerla más fiel a los textos originales, yo, en lo personal, quisiera entrevistar a la fuente.


¿Cómo puede creer tan ciegamente que esa es la palabra de Dios? Para mi está bien claro: NO LO ES... no puede serlo. La palabra de Dios no debería, o no podría ser manipulada tan fácilmente. Después de todo, es Dios el que está hablando ¿No?


Quién estudia un poco el origen de los textos Biblicos, su verdadera procedencia, poco a poco se da cuenta que ahí hay de todo, inclusive pasajes de otros textos sagrados que no pertenecen al Cristianismo, ahí se entretejen relatos del Judaísmo, Islamismo, inclusive, hay reconocidas influencias de las culturas babilónicas e incluso egipcias.


Escucho a Daniel y no deja de sorprenderme su Fe, su vocación de predicador debe ser muy grande al ir en el bus que lleva ya una hora de camino, hablando sin parar. El joven predicador sigue contándonos de las bondades de Dios y de su hijo Jesucristo.


Nuevamente, me pregunto: ¿Daniel sabe que los relatos de Jesús se escribieron muchísimo tiempo después de que muriera y supuestamente resucitara?


Lo lee como si de una noticia de periódico se tratara. Yo soy periodista y se que una noticia, incluso, después de escribirla a pocas horas o minutos de acontecido un hecho, suele tener errores, a veces son pequeños, pero, otras veces, son tan grandes que hacen al relato diferir mucho de lo que realmente aconteció, peor aún, a veces se escribe una noticia con cierta "tendencia" para hacer creer al lector algo o reforzárselo y esta puede ser una tarea voluntaria o impuesta al escritor.


Un relator de noticias puede hacer que alguien aparezca como "bueno" y otro como "malo" como consecuencia de las tendencias políticas o ideológicas que pueden condimentar un texto periodístico.


Eso se aprende. Yo lo aprendí, parado junto a mi editor cuando este estaba reprendiendo a un novato periodista que osó escribir lo que vio y no lo que "debería haber visto".


Pero Daniel sigue y sigue...


Debo admitir que concuerdo con algunas cosas que dice: "Tenemos que ser amables entre nosotros mismos" "agradecer al Creador por darnos la vida", "no ser materialistas y pensar que el dinero lo es todo".


Ok, eso suena bien, de acuerdo a mis propios esquemas de valores, pero, de repente, como si pudiera leer mi mente me amenaza directamente: ¡Hay de aquel que no acepte a Jesucristo y a Dios, porque está condenado por toda la eternindad en las brasas del infierno!


Luego menciona al Diablo y siento que el profeta Daniel se fue otra vez por ese camino que nunca me ha gustado transitar.


Entonces, llegamos a la parte autobiográfica, donde Daniel nos cuenta como fue que "encontró a Jesús".


Sin lugar a dudas, fue una vida dura: drogas, muerte, pobreza...que triste.


Entiendo su necesidad de aferrarse a algo más grande que él, a algo que le de esperanza. Es evidente que, dadas las circunstancias, no tuvo oportunidad de recibir otros conocimientos que no fueran los que le proporciona ese libro que tanto valora, pero que yo se muy bien guarda oscuros secretos.


Al final, se baja del autobús, no sin antes pedir a todos los pasajeros una "pequeña colaboración económica".


Me digo: Después de 2 mil años, ¡Que lástima! Dios sigue siendo un mezquino egocéntrico y quiere que lo alaben en el culto tres veces por semana. Un Dios que para hacer que su palabra se conozca tiene que recurri a un vocero tiene que gritar como si estuviera loco durante horas y como si todos los demás tuvieran problemas de audición.


Un Dios avariento que permite que la gente "pague" por escuchar su palabra, que permite que el "pastor" ande en autos de lujo mientras gran parte de su "rebaño" no tiene para comprarse un par de zapatos.


¡Hay Daniel! ¡Cómo quisiera tener esa Fe tan absoluta que tu tienes!


Pero no puedo... Cada cosa que dices se me clava en lo más profundo de mi escepticismo. ¿Estaré condendado?


Por un momento, casi al borde la de desesperación. Lo recuerdo...


Los momentos cuando yo veo a Dios, no lo hago a través los gritos demenciales de un pastor evangélico el sermón indescifrable de un cura católico sin compromiso con su pueblo. Yo si lo veo todos los días, tal cual es: infinito, incomprensible en muchos aspectos, pero no es egoísta y también me permite que le alcance en sabiduría y conocimientos, porque ha concedido a los seres humanos el don de convertirse en dioses creadores...Aunque todavía estemos muy lejos de lograrlo.


Mi Dios no esta restringido en el tiempo ni en el espacio y, también, si uno quiere, puede ser muchos Dioses y tener muchos nombres.


Para seguirle no hay mayores requisitos, tampoco se necesitan templos, ni ofrendas, porque nada de eso le interesa a esta divinidad que es, verdaderamente, todopoderosa.


Lo siento Daniel. Tu Dios es obsoleto y triste, demasiado limitado, así que no puedo creer en él tal como tu me lo pides y tu Jesucristo tampoco me resulta suficiente como ejemplo a seguir, ya que existen otros profetas cuyas enseñanzas de como enfrentar la vida me parecen igualmente valiosas.


Existen otros aspectos de la vida sobre los que Jesús nunca dijo nada porque quienes lo mataron le tuvieron mideo y no le dieron más tiempo o, tal vez, a alguien se le olvido recordarlos y decírselos al periodista que recopilaba información para escribir el evangelio.


¿Donde dejas la sabiduría de Mahoma, Buda, Abdu Baha? y tantos otros profetas que mi propia ignorancia no me permite mencionar en este momento?

En algo tienes razón, mi buen Daniel y es que, a veces, no le doy suficientes gracias a mi Dios Universo por permitirme respirar un día más, por reconocer su presencia en el rostro de mis hijas y en su alegría, no me mostré humilde ante su majestuoso poder esta mañana, escondido en el intrincado tejido que formaron las arañas en la esquina de mi puerta y que yo, sin mayor remordimiento, arranqué sin pedirles disculpas.

Miro hacia el cielo. Ahí están las estrellas. Seguramente allá habrá otros profetas Danieles, como tu, con sus propios Dioses y, tal vez, haya otros condenados al infierno como yo, devolviéndonos la mirada y sabiendo que, finalmente, lo único que tenemos que hacer es vivir todos sin temores, sin necesidad de destruirnos o darnos prolongados sermones.